Pequeño Resumen para conocernos
Nací el 28 de agosto de 1990 en Buenos Aires, y aunque me llamo María Fernanda, mi mamá preguntó si ese nombre iba a funcionar. No guardo muchos recuerdos claros de niñez, pero sí viví una adolescencia muy movida: me mudé varias veces (viví en Buenos Aires, Corrientes y Viedma), y aprendí muy joven a valerme por mí misma.
Durante esos años sentí que estaba “errante”, sin un rumbo fijo, pero tenía un sueño: encontrar un lugar al que realmente perteneciera. Para lograrlo, tuve que trabajar desde muy chica: vendí en salones, trabajé en panaderías, limpié edificios, cuidé niños… incluso trabajé en un circo. Fue una época dura, pero me fortaleció, porque nunca quise volver a estar desamparada.
A los 23 años atravesé una depresión muy profunda. Estaba desempleada y perdida. Fue en ese momento que encontré algo que cambió mi vida: la fe en Jesús. Me costó mucho entender que podía ser amada tal como soy, pero esa creencia se convirtió en mi sostén.
Este sueño empezo en pandemia
Cuando llegó la pandemia, estaba trabajando como vendedora de ropa en un local. Con el cierre, se vino un golpe fuerte, pero también una oportunidad: empecé a vender ropa por internet, comprando algunas prendas y revendiendo otras. Esa idea pequeña creció, y empecé a formarme sobre cómo emprender, cómo manejar un negocio propio, aunque eso significara trabajar de madrugada y estar agotada al otro día.
Mi jefe incluso me ofreció quedarme con un sueldo, comisiones y premios, si hacía algo similar para su negocio. Fue una decisión difícil, pero después de pensarlo mucho, decidí jugármela por mi propio proyecto. Sentí fe, miedo, ansiedad, pero también la convicción de que esto era lo que tenía que hacer.
Nacimiento de la marca
Así nació Échame la Culpa. Empecé con ventas online, luego abrí un showroom y finalmente un local físico. Todo fue creciendo con paciencia, paso a paso, sin dejar de creer. Hoy, miro atrás y sé que gran parte de ese crecimiento se debe a la perseverancia, la constancia… y a las mujeres que confiaron en mí.
Un refugio
Para mí, Échame la Culpa no es solo una marca: es una promesa, un refugio. Es un lugar en el que quiero que cada mujer —especialmente las adolescentes y aquellas que no se sienten cómodas en otros sitios— se sienta segura, vista, escuchada. Quiero que cuando entren al local no solo encuentren ropa linda y talles reales, sino que también reciban una bienvenida cálida, que se sientan acompañadas desde el primer momento.
Mi equipo y yo trabajamos con mucho compromiso. Generar contenido para redes no es fácil: hay días de risas, de ideas geniales, pero también de llanto y agotamiento. Pero lo hacemos juntas, y eso hace que valga la pena.
Los valores de mi marca están muy claros para mí: el respeto, la transparencia y la empatía. Nos importa conocer a las clientas, saber sus nombres, entender sus historias. No queremos una relación fría, queremos una conexión real.
Mirando atrás, siento una gran gratitud. A veces me emociona tanto pensar en todo lo recorrido que me cuesta creer hasta dónde llegué. Pero no olvido mis orígenes: esa niña que se mudaba, que no tenía un lugar fijo, que trabajaba en lo que fuera para salir adelante.
Para el futuro, sueño alto: quiero que Échame la Culpa siga creciendo, que sea una marca fuerte, con ropa propia, y que siga siendo un lugar de alegría para muchas mujeres. Más que vender algo, quiero provocar momentos felices, que comprar no sea una carga, sino un disfrute.
Y si tienes un momento difícil, como yo lo tuve, te diría esto: no te rindas. Ten fe. Cree en algo más grande que vos misma si eso te da fuerzas. No te compares para mal con los demás. Concentrate en lo que podés hacer, en tus sueños, en tu propósito. Y, sobre todo, nunca subestimes lo que una idea, un poco de coraje y mucha constancia pueden lograr.
Fuente: NOTA PARA CARAS TV (REVISTA CARAS)





